Instantes que nos cambian

 Ahí comienza el resto de tu vida.

 Hay instantes en los que parece que la vida escapa de tus manos, y que el mundo se mueve muy de prisa, apurado, como teniendo la urgencia de llegar a algún lado. Pero tú estás ahí, quieta, paralizada en medio del bullicio.
 Existen esos momentos en los que es imposible escuchar, aunque lo intentes desde algún lugar de tu interior.
 Todo se mueve tan rápido, todos hablan tanto.



 Recuerdo haber escuchado los latidos de mi corazón, aturdiéndome, como golpes. Y mirar las paredes de mi habitación sintiendo que ya a no volverías. Ya no te vería, no escucharía tu risa.
 Esos instantes en los que sientes que tu corazón se rompe inevitablemente, creo que son las peores experiencias que vivimos. Y lo más desolador es que muchas veces nos acostumbramos a sufrir sin medidas por pequeñas cosas, porque no tenemos el permiso para salir a una fiesta en la adolescencia quizás. Pensamos que volver a cursar un año escolar, o no gustarle al chico que nos parece tan lindo, es lo peor del mundo, que esas experiencias nos desarman la existencia.
 A veces somos tan ingenuos, tan simples, somos seres humanos.

 No va a terminar tu vida con la sensación frustrante de rendir mal un exámen importante, ni con esa desesperación que sentiste cuando el test dijo que era positivo, abriendote camino a otras responsabilidades cuando no lo esperabas.
 La vida se trata de un libro con tantas palabras escritas. Con tantos desengaños y sorpresas, con tantos desafios, y una cantidad maravillosa de regalos, esas cosas que te son retribuídas por cada paso correcto que has dado.
  

 Vivo, y por eso tengo la obligación de aprender a valorar los sucesos correctamente. Puedo cumplir mis sueños, si llegó un bebé a destiempo, porque me sobrepondría y lucharía, sin dudas, si mi sueño fuera dar vida y estuviera imposibilitada para hacerlo.
 Debo aprender a crecer, a hacerlo de verdad, no sólo a decir una frase bonita. Todos decimos que las vivencias nos hacen crecer, pero si miramos a un lado podemos ver tanta debilidad, en nosotros mismos hallamos que volvemos a hundirnos en una gota de agua, cuando ya hemos sobrevivido después de estar en un océano de dolor, de impotencia, en otra parte de nuestra historia. Y cuando puede ser que lo que afrontamos hoy sea muy pequeño cuando miremos para atrás.

 Recuerdo haber despertado el dia siguiente, y sentir los latidos de mi corazón mucho más suaves. Haber mirado las paredes de mi habitación y la luz del sol que entraba por la ventana, y confirmar que la vida debía continuar. Siempre continua, si no estás, la gente sigue sin ti. Si te paras a mitad de la carrera, los demás atletas seguirán corriendo, hasta alcanzar su meta.



 Tenemos la obligación de seguir corriendo, de seguir viviendo, hacerlo de verdad, no solo respirar.
 Es obligatorio amar, arriesgarse y luchar. Esas cosas nos enseñan a sonreír con honestidad, a disfrutar de los pequeños gestos, y la belleza de la vida. Es tu deber, nadie lo hará por tí, y eso es perfecto, así está bien. Sólo tu podrás obtener los beneficios en el proceso.

 Puedo evocar esa sensación de paz, la primera vez que de verdad vencí al dolor y empecé a ver que ya no era la misma. Era fuerte, y nada tendría tanto poder sobre mí otra vez.
 Recuerda como latió tu corazón en ese difícil momento, decídete a ser tú misma sin que las situaciones te dominen, ni te modifiquen.
 Eso es crecer . Vivir.
 Eso es ser realmente libre.
 Ahí. Aquí es donde comienza el resto de tu vida.

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